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domingo, 2 de enero de 2022

En perfil docente que no te den gato por liebre

Fuente de la imagen: archivo propio
(mvc, Málaga, España). El ponente, miembro de los Registros de Economistas Docentes e Investigadores y de Economistas Asesores Laborales de España, respectivamente, así como del 
Grupo de Trabajo sobre Marketing y Comercialización (ECN-CGE), realiza unas reflexiones acerca de analizar previamente el perfil profesional del docente virtual, para que no te den gato por liebre. Fuente de la imagen: archivo propio.

domingo, 6 de abril de 2008

Aprendizaje constructivista

Hace unos días escuchaba una critica exacerbada de un amigo, inquieto por la educación que se le daba a su hijo en el colegio, al método de aprendizaje constructivista, en el sentido de que echaba por tierra la tradición educativa de occidente, difuminando el” esfuerzo” y el “trabajo memorístico” en el aprendizaje y presuponiendo que es el alumnado el que quiere aprender. 

En fin, no soy especialista en la materia, pero estoy interesado por la enseñanza a nuestros hijos. En lo que a mí respecta, el método que conocí, en los escasos años de escuela, fue el de la vara de avellano (ver post El maltrato profesor-alumno), y ya ves sus resultados. 

En pedagogía se denomina constructivismo a una corriente que afirma que el conocimiento de todas las cosas es un proceso mental del individuo, que se desarrolla de manera interna conforme el individuo obtiene información e interactúa con su entorno. 

El constructivismo ve el aprendizaje como un proceso en el cual el estudiante construye activamente nuevas ideas o conceptos basados en conocimientos presentes y pasados. Pedagogos constructivistas: Lev Vygotsky y Jean Piaget. Críticos: Inger Enkvist. (fuente Wikipedia). 

Te dejo una lista de reproducción con vídeos subidos a Youtube por distintos usuarios, relacionados con la educación constructivista (Fuente de la imagen: sxc.hu).

miércoles, 27 de febrero de 2008

Selectividad

Según un estudio, publicado por el periódico Magisterio, el número de alumnos/as que accede a la Selectividad española ha disminuido un 10% en ocho años (leído en la pág. 8 de La Gaceta de los Negocios, del 26/2/08). La culpa de la bajada se le achaca a las consecuencias de la aplicación de la LOGSE. 

Dice el informe que muchas universidades han intentado compensar la pérdida de alumnado, bajando aún más el nivel de exigencia en la prueba, pero el caso es que los años anteriores a esa ley, el número de alumnado que accedía a los estudios universitarios, crecía un punto cada año. Cuando entra en escena la primera promoción escolarizada conforme a la LOGSE (año 2000), el índice empieza a desplomarse. ¿Afectarán, también otras causas: finalización del efecto baby bom de los sesenta, recesión del número de nacimientos, incorporación del alumnado a la formación profesional (FP), con sus incontables módulos, etc.? (imagen del MEC) 

domingo, 12 de noviembre de 2006

El maltrato profesor-alumno

Mi incorporación al colegio fue más bien tardía. Después de un breve paso por la escuela de la Indiana (cerca de donde vivía mi tía Anita), se ve que mi tío Rafael, autodidacta él, tenía bastante influencia en la familia y dijo: El niño a la escuela de D. Manuel. Y así fue. Me trasladaron a otro centro rural, situado en la Estación de la Indiana.

Venía D. Manuel todos los días de Ronda, con su seiscientos, que lo aparcaba siempre en el mismo sitio. Era un maestro de costumbres fijas, como la utilización diaria de una vara, de las de antes, de madera de avellano, construida, probablemente, por artesanos en las profundidades del Infierno. En manos de D. Manuel, la vara ocasionalmente servía como herramienta didáctica, para señalar el punto exacto del Valle de los Caídos o donde nació D. Pelayo.

Junto con la tiza, el borrador y la regla, frecuentemente la vara de avellano era utilizada como proyectil, lanzado desde su estrado hasta cualquier punto de la austera, hambrienta y acongojada clase, por muy recóndito que estuviera el punto elegido, el impacto era certero. Eso sí, siempre, siempre, siempre, la usaba para tañer y, sobre todo, redoblar en nuestras azoteas. Se ve que otra de sus costumbres o gustos era la Semana Santa, porque no hacía más que tamborilear la música de los distintos pasos en las crismas del alumnado. ¡La letra con sangre entra!, decía, pero por más que repicaba en mi cabeza, mi tartajeo no se quitaba, todo lo contrario, se acentuaba.

Eran otros tiempos, lo sé. Entonces, al menos en el campo donde me crié, se estilaba la regla y la vara en la escuela y la correa, el látigo, la soga de la mula o el espino en las casas (por poner unos ejemplos). Por eso, ahora, cuando veo a una madre darle un tortazo a su hijo en la guardería, o las imágenes de violencia a un profesor de instituto, o la humillación en una pandilla de niños, algo dentro de mí se remueve y la sensación de tristeza e impotencia me hace llorar.

Pero lo anterior no es excusa para no practicar el raciocinio, argumentación, entendimiento, información, con nuestros hijos. Sé que no es la panacea, pero, por ejemplo, a mí me viene muy bien programas como Súper Nani o libros como: Duérmete Niño (Dr. Eduard Estivill y Sylvia de Béjar, edit. Plaza y Janés), Enséñale a aprender (Mª Luisa Ferrerós, edit. Planeta Prácticos), Cómo ser mejores padres (Reynold Bean, edit. Debate), Cómo desarrollar la creatividad de los niños (Reynold Bean, edit. Debate), Guía para entender a tu hijo, del Centro Yale de Estudios Infantiles (Linda C. Mayes y Donald J. Cohen, edit. Alianza Editorial), Momentos Clave en la vida de tu hijo (T. Berry Brazelton, edit. Plaza y Janés), etc.

Procuro practicar las ideas, rituales y prácticas que, estimo, pueden ser proactivas en el desarrollo afectivo y de relaciones de mi retoño, aún sabiendo que en el exterior, posiblemente, se va a encontrar todo lo contrario. Con esta orientación y tutoría, ¿le estaré perjudicando en vez de beneficiando? Siempre queda esa incertidumbre. En el corto plazo, algo podría afectarle, coyunturalmente, dependiendo de la convivencia con sus docentes, sus amistades, ... Pero en el largo plazo, creo que, globalmente, le va a beneficiar en su acercamiento al perfil de individuo social ¿Redundancia? Tal vez, pero, en todo caso, inevitable.

El otro día le decía a un familiar, profesor de instituto, delante de su hija, estudiante de medicina, que para mí los docentes son como los médicos, ambos trabajan con vidas humanas. Cierto que el cirujano, si se equivoca, condiciona la vida del paciente y el error se detecta al instante. Pero la equivocación de un maestro también es muy susceptible, lastimosa y delicada en la vida de su paciente, perdón, de su alumno y, probablemente, si el error es reiterado y profundo, no sólo afectará gravemente a la vida del niño, sino, también, a la sociedad futura en la que esta persona se encuentre integrada.

Mi corto entender acerca de estas graves y sensibles vicisitudes sociales, me hace distinguir que el origen del desajuste se encuentra en la familia (y no al revés) y el desmadre posterior no es responsabilidad sólo de la familia, sino, también, de la escuela, siendo la Sociedad en que vivimos, integrada por todos nosotros, causante subsidiaria de todo este neurálgico desequilibrio educacional (Formato modificado con posterioridad. Fuente de la imagen: sxc.hu).