M. Velasco, 2003. El modelo de gestión apoyado en las actividades (Velasco, 2003) ofrece a las organizaciones una perspectiva clara sobre el destino de sus recursos materiales y financieros, permitiéndoles evaluar si la ejecución de sus tareas resulta suficiente para cumplir con las metas corporativas establecidas. Esta metodología facilita un seguimiento permanente y riguroso de las actuaciones y de los costes económicos en cada uno de los departamentos, integrando el flujo de información a nivel operativo y a nivel de los procesos de negocio en su totalidad. La contabilidad construida bajo este esquema aporta un volumen de información muy adecuado para estructurar un registro contable de carácter continuo y estable. En comparación con los datos globales de las áreas funcionales, que resultan excesivamente genéricos para realizar un reparto de gastos preciso, o los informes detallados de tareas concretas, difíciles de administrar por su excesiva dispersión, la actividad se posiciona en un término medio ideal. La información analizada de forma funcional no proporciona la precisión necesaria en la imputación, mientras que la contabilidad a nivel de tarea individual puede resultar en un exceso de datos locales inviables de coordinar. Por este motivo, el diseño de estas unidades operativas requiere una delimitación muy precisa, apoyada en directrices rigurosas que faciliten una medición exacta del gasto asociado a cada servicio, producto o proyecto, y permitan descubrir espacios viables para aminorar los costes de producción y elevar el rendimiento general.
La introducción de esta metodología en el seno de la organización empresarial no exige una secuencia rígida o estrictamente lineal de actividades, ya que el análisis operativo y la especificación de los diferentes procesos de negocio admiten una elaboración paralela y simultánea. Durante este desarrollo operativo, los diferentes pasos y las asignaciones específicas de tareas pueden integrarse de manera flexible, permitiendo incluso retrocesos planificados en las fases del diseño técnico con el propósito de perfeccionar la estructura organizativa. Esta flexibilidad resulta idónea cuando se evalúan las entradas y las salidas de información y recursos de cada actividad, una revisión técnica útil para corroborar que los límites y alcances de cada unidad de trabajo han quedado establecidos con absoluta exactitud. Asimismo, las empresas pueden conservar la documentación global corporativa e integrarla como información complementaria y de soporte técnico junto a los nuevos expedientes detallados por actividades, asegurando un proceso de adaptación ordenado y sin rupturas drásticas con los sistemas preexistentes. De esta manera, la organización se dota de herramientas metodológicas que transforman el seguimiento diario, proporcionando una base analítica idónea para sustentar decisiones operativas a largo plazo, mejorar la calidad del registro económico y asegurar que cada unidad de coste responda directamente a los objetivos de rendimiento de la corporación. Al estructurar los procesos bajo este enfoque detallado, se logra un entendimiento superior sobre la eficiencia de las operaciones internas, lo que ayuda a identificar con rapidez áreas de ineficiencia y a reasignar los recursos disponibles hacia aquellas áreas que generan un verdadero valor añadido para la compañía.
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| Fuente de la imagen: La Gestión por Actividades (Velasco, 2003) |
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Velasco-Carretero, M. (2003). La Gestión por Actividades. Sitio Consultoría Estratégica. Visitado el 12/03/2003.
Velasco-Carretero, M. (2003). La Gestión por Actividades. Sitio Consultoría Estratégica. Visitado el 12/03/2003.

