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| Fuente de la imagen: No está el mañana en el ayer escrito. Sitio Consultoría Estratégica (Velasco, 2003) |
M. Velasco, 2003. La evolución del entorno laboral en España a mediados de la década de los noventa trajo consigo una transformación de gran envergadura en la manera de concebir el trabajo, los perfiles de los puestos de empleo y las cualificaciones de los trabajadores. En este escenario de reformas normativas y aperturas económicas, el valor y la riqueza de las corporaciones comenzó a desligarse de la posesión de recursos físicos o de capitales tradicionales para centrarse enteramente en el intelecto humano y en la destreza para aplicarlo de forma práctica en las actividades del día a día. Es bajo esta perspectiva de cambio que emerge el concepto de competencias profesionales (Velasco, 2003), definido teóricamente como la preparación y el adiestramiento sumamente eficaz de las capacidades de las personas para ejecutar una determinada tarea de acuerdo con un estándar de excelencia requerido. Esta aproximación no se limita a una acumulación pasiva de conocimientos académicos; por el contrario, aspira a estructurar un potencial práctico que garantice el éxito en las funciones específicas de cada puesto laboral. Así, la gestión del talento en las organizaciones comenzó a diseñarse a través de herramientas de aplanamiento de la pirámide de gestión, la reingeniería de procesos corporativos y la reorganización asociativa, donde la asimilación de estos nuevos conceptos de idoneidad laboral determinaba la capacidad de las organizaciones para acoplarse a las nuevas demandas del mercado de la época.
Para que una corporación logre consolidar una ventaja competitiva sostenible en el tiempo, resulta enteramente necesario que demuestre una clara disposición para aceptar las transformaciones del mercado y que sus integrantes asuman el compromiso de adaptarse activamente a las variaciones de su entorno organizativo. Desde la perspectiva individual de cada trabajador, la seguridad ya no radica en la conservación rígida de un puesto estático, de modo que el interés de cada colaborador debe volcarse hacia la construcción constante de la empleabilidad. Este término hace referencia directa a la capacidad de los trabajadores para convertirse en sujetos de alta cualificación profesional y dotados de destrezas polivalentes que mejoren su posicionamiento en el mercado de trabajo. La aplicación real de este modelo de gestión demostró efectos sumamente positivos en la práctica corporativa, atrayendo perfiles de excelente nivel técnico cuando las ofertas de empleo incorporaban de mutuo acuerdo esquemas retributivos vinculados directamente al cumplimiento de las capacidades requeridas para el puesto. De este modo, la agilidad en la asimilación del cambio y la búsqueda de una mayor preparación individual configuran el motor para que tanto organizaciones como profesionales logren mantenerse activos, asumiendo que el dinamismo cotidiano exige una marcha constante y veloz para evitar quedar desfasados en un entorno laboral en permanente movimiento.
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Velasco-Carretero, M. (2003). No está el mañana en el ayer escrito. Sitio Consultoría Estratégica. Visitado el 26/3/2003.
